LA TRISTE REALIDAD DE LOS TRANSGÉNICOS

“Pocos hechos retratan mejor la miseria de este mundo que los que acompañan a los transgénicos. Y es que todos los vicios se acumulan en cada una de sus semillas: la imposición del poderoso, el predominio del norte sobre el sur; el deterioro de lo que consumimos y de la tierra y, sobre todo, la pérdida de soberanía de los que menos tienen y la dificultad extrema de dar marcha atrás” CARLOS TAIBO

¿Qué ES un TRANSGÉNICO? (organismo modificado genéticamente u OMG): es un ser vivo creado artificialmente insertando a una planta o a un animal genes de virus, bacterias, vegetales, animales e incluso de humanos. Por ejemplo, el gen de una bacteria se inserta en el maíz, creando un organismo vivo nuevo (otro maíz), con el fin –inicial- de darle resistencia a herbicidas.elroto_transgenicos

EL NEGOCIO DE LOS TRANSGÉNICOS

El desarrollo y comercialización de ésta tecnología está centrada en un puñado de grandes multinacionales, que controlan el 85% del comercio mundial de los cereales y 10 empresas agroquímicas del mundo, que controlan el 91% de su mercado y se denominan COMPAÑIAS DE LA VIDA. Las 7 gigantes son: 1. Syngenta 2. Monsanto 3. Aventis (adquirida por Bayer) 4. DuPont 5. Dow 6. Bayer y 7. BASF. Todas gastan ingentes cantidades de dinero en estudios científicos que defiendan sus intereses y en publicidad, para convertir en verdad lo que no es; tratando en definitiva de alardear de sus muy discutibles beneficios y ocultando los graves efectos conocidos y por conocer a largo plazo.

UN POCO DE HISTORIA

Al inicio de los 90 surgen las primeras autorizaciones en EEUU de cultivo transgénico. En 1996 llegan a Europa y desencadenan movimientos contra ellos que consiguen paralizar desde 1999 nuevas aprobaciones en una “moratoria de facto”.

A principios de 2000 la UE tiene que hacer frente a una queja de EEUU interpuesta ante la OMC (Org. Mundial del Comercio, que controla) por el bloqueo de Europa en aprobar los productos transgénicos. En este contexto, en que planea la amenaza de la OMC para exigir levantar toda traba al acceso de transgénicos, surge la iniciativa de las Zonas Libres de Transgénicos (ZLT). Los primeros pasos los dieron 9 regiones de Francia, Austria, Alemania, Grecia, Italia, UK y España (País Vasco), al pedir a la Comisión europea en 2003 el derecho a declararse libres de transgénicos en base al peligro de contaminación genética de sus productos agrícolas. A raíz de ello nació un movimiento en que administraciones y ciudadanía aunaron esfuerzos para sembrar Europa de ZLT. Esta red se extendió rápidamente, lo que puso en evidencia los intereses reales de los pueblos, más allá de las presiones mercantiles de turno. En el 2005 eran ya 25 los países con ZLT.

A pesar de que la declaración de ZLT no tiene un reconocimiento legal por la comisión europea, el simbolismo que conlleva es tan fuerte que no deja de influir en las decisiones de ámbito estatal, y ha contribuido a que la Comisión no acelere nuevas autorizaciones.

En España, aunque de forma más modesta que otros países, sigue modestamente esa estela. Asturias, País Vasco, Baleares y Canarias se han declarado ZLT. También lo han hecho más de 200 municipios.

El anuncio de que Andalucía, con su peso en el conjunto del estado, se pueda declarar próximamente libre de transgénicos aporta mucha esperanza, en un contexto que sitúa a España a espaldas del resto de países europeos: es el único país que cultiva OMG a escala comercial, alberga más de la mitad de los cultivos experimentales de la UE y cuenta con un gobierno como siempre sumiso al poder económico y dispuesto a favorecer abiertamente este tipo de productos tan deplorables (lo que se conoce como “marca España”)

La política actual de la UE no es prohibir el consumo ni el comercio de transgénicos. Lo que sí establece es que todos los productos genéticamente modificados, sean materias primas, sus derivados o alimentos elaborados a partir de tales ingredientes, estén obligatoriamente etiquetados (OGM), estipulando sanciones que abarcan desde pena de cárcel a cuantiosas sumas de dinero. Incluso se ha obligado recientemente la identificación de la carne y la leche de animales alimentados con granos transgénicos (España lleva mucho retraso al respecto)

IDEAS PREVIAS

La técnica ha comportado mejoras en las condiciones de vida de la sociedad. Es evidente. Pero a medida de que vamos dependiendo más de la técnica, más nos desvinculamos de la naturaleza. Esto conlleva no tener presente sus ritmos ni sus necesidades para permitir su desarrollo y su regeneración.

La ciencia hoy en día, no se mueve principalmente en busca del progreso objetivo y de la mejora colectiva. No. Es empujada por un motor económico que la hace ciega a la estela de consecuencias que produce. Los beneficios de la técnica suelen aparecer de inmediato, mientras que los costes y perjuicios son tardíos y, muchas veces, imprevisibles y lo que es peor, irreversibles.

La tecnología de los transgénicos es hija de esta “ciencia”. Con la capacidad de transferir genes de una especie a otra, se abren muchas posibilidades al negocio. El producto en sí no es su mayor preocupación. Lo es su cotización en bolsa, controlar el mercado y aprovechar las leyes de patentes. De ahí que haya tantas presiones a gobiernos e instituciones para que políticas y normas allanen su camino de expansión. Por eso tanto dinero invertido en publicidad, haciendo de la falsedad, virtud.

Ante esta situación de poder que tiene la humanidad sobre la naturaleza nos debemos preguntar ¿qué sociedad queremos? ¿qué planeta queremos para nosotros y dejar a nuestros hijos?

La biotecnología ha abierto un sinfín de posibilidades de intervención en lo biológico, con unas consecuencias imprevisibles tanto a nivel ambiental y de salud, como sociales. Se ha dicho que viene a solucionar problemas ambientales (infertilidad del suelo, contaminación, falta de agua) o a terminar con el hambre, cuando es la propia industria biotecnológica la que los origina privando de soberanía alimentaria a millones de personas en el mundo. Porque los transgénicos simbolizan lo peor del sistema que rige el mundo, en el que la alimentación deja de ser un derecho y se concibe como una oportunidad de lucro para unos pocos.

TRANSGÉNICOS: 20 AÑOS ESTAFANDO AL MUNDO

Persisten los mitos/mentiras, alimentadas por la industria y sus intereses económicos, sobre los supuestos beneficios de los cultivos transgénicos. Veamos cuales son:

  1. PRIMER MITO. Eliminarán el hambre en el mundo. Es el argumento favorito. Pero 3 hechos evidencian la falacia:
  2. Los datos de la FAO muestran con claridad que a nivel mundial se producen alimentos “de sobra” para alimentar a todo el mundo
    . El hambre es una cuestión de acceso a la tierra y al resto de recursos para producir alimentos. Es efecto directo de la pobreza y de la exclusión.
  3. Los cultivos transgénicos no están destinados a combatir el hambre. La casi totalidad del área sembrada de transgénicos se reduce a: soja, maíz, colza y algodón. Los 3 primeros se dedican más del ¡90%¡ a piensos para ganadería; combustibles para coches y aceites industriales; y el algodón para fabricar ropa (¿y para comer?)
  4. En cambio se constata una relación directa entre los cultivos de transgénicos y el hambre. Pues aquellos ocupan millones de hectáreas que podrían usarse para producir alimentos.

  1. SEGUNDO MITO. Los cultivos transgénicos producen más. Directamente falso.

La productividad depende de muchos factores, genéticos y de otros tipos. En un estudio realizado en EEUU analizando un historial de más de 20 años de cultivos transgénicos se concluye que la soja y maíz modificados genéticamente no demostraron más productividad que las plantas y métodos tradicionales.

  1. TERCER MITO. Los transgénicos eliminarán los agroquímicos. Falso. Al contrario

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Se basa este mito en los cultivos con el gen Bt, que producen una toxina que mata ciertas plagas –gusanos especialmente-, evitando fumigarlas. PERO los problemas no tardaron en aparecer, pues los gusanos empezaron a desarrollar resistencias. Como efecto colateral aparecen otras “plagas secundarias” que antes no existían y que deben ser combatidas con química agrotóxica.

La otra innovación de la industria transgénica son plantas que incorporan un gen que permite fumigarlas con altas dosis de herbicida sin verse afectadas, pues son tolerantes a ciertas sustancias químicas. Esto se traduce en que el uso de herbicidas como el glifosato, veneno agroquímico, ¡se ha multiplicado por 20¡. Fumigación masiva que ingerimos…

  1. CUARTO MITO. Se respeta el derecho a decidir, pues los transgénicos conviven con los demás cultivos. Más que falso.

Este argumento falaz desatiende una ley elemental de la biología: las plantas de la misma especie se cruzan entre ellas y más temprano que tarde los genes insertados artificialmente acaban contaminando los cultivos convencionales y las variedades locales. De esta forma ponemos en riesgo la biodiversidad de la que depende la alimentación de millones de personas en el mundo. Pero lo más perverso es que las multinacionales fuerzan a los agricultores a pagar por semillas que nunca han sembrado. Detectives de Monsanto circulan por los campos de EEUU buscando genes suyos, aunque sean de campos contaminados por cultivos transgénicos cercanos. Esto genera un miedo latente en el sector y los agricultores acaban cediendo y compran semillas de Monsanto para no correr riesgos.

  1. QUINTO MITO: los transgénicos son seguros para la salud y medioambiente

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Hoy nuestros platos se sazonan con alimentos cuyo ADN ha sido modificado y con una alta carga de pesticidas, y se hace entre constataciones poco halagüeñas:

  • LA academia americana de Medicina Ambiental concluye tras varios estudios que los alimentos modificados genéticamente pueden significar un serio problema para la salud: toxicología, alergias, inmunología, reproducción, fisiología y genética
  • El macro estudio del Dr. Seralini, durante 2 años ratas alimentadas con maíz transgénico fue contundente: más pronta mortandad, efectos hormonales, tumores mamarios y enfermedades hepatorrenales.
  • Estudio de la universidad de Leipzig encontró en la orina de ciudadanos concentración de glifosato de 5 a 20 veces mayor del límite para el agua potable.
  • Estudio de la universidad de Buenos Aires constata que los herbicidas con glifosato causan malformaciones en los embriones de pollos o ranas en un proporción mayor que con la fumigación tradicional.

QUÉ LLEVA A UN/A AGRICULTOR/A A ACEPTAR TRANSGÉNICOS

A la hora de tomar sus decisiones, un/a agricultor/a se enfrenta a varios factores que le son muy difíciles de controlar, que le instalan en una incertidumbre a veces insoportable. Por un lado, cuando siembra nunca sabe cómo le va a ir, debido a factores climatológicos imprevisibles (más con el cambio climático) o a plagas más o menos intensas. Por otro, hay factores de mercado (precios del juego bursátil) que suponen incertidumbre. Si a eso añades créditos bancarios o deudas, la situación se percibe como una auténtica amenaza que conduce a la inseguridad. Este cúmulo de circunstancias hace que el agricultor inmerso en el modelo agroindustrial persiga con celo la “seguridad”.

En este entorno las grandes corporaciones agroquímicas irrumpieron ofreciendo semillas que protegían de ciertas plagas, que controlaban las “malas hierbas”, etc y se percibió como un atisbo de tan deseada “seguridad”. “A ver si por no gastar un poco más, voy a perder la cosecha”, se decían. Además, las agencias estatales responsables del sector, bien adoctrinadas por los grupos de presión industriales, apostaban también por este tipo de semillas. El camino de acceso fue relativamente sencillo.

A su vez, desde el punto de vista psicosocial, los agricultores tienden a imitar a los vecinos. Después del intenso éxodo del campo a la ciudad, los que se quedaron redefinieron su perfil profesional y orientados por las corporaciones agroindustriales y agencias estatales, accedieron a la “eficacia” que trae la innovación tecnológica y a la “modernidad” acorde con los tiempos. Para no quedarse atrás, cayeron en la red.

Y aun, los que más aguantaron sin convencerse con lo dicho, les caía la fuerza de los hechos. Así, el maíz transgénico por ejemplo (y otros), actúa en condiciones de irreversibilidad preocupantes. Está demostrado que más pronto que tarde acaba contaminando cultivos próximos. Ante esta disyuntiva un agricultor que observa que su vecino cultiva maíz OMG, son muchas las posibilidades que acabe sembrándolo también él.

La tupida red está servida y sin marcha atrás

RAZONES PARA LUCHAR CONTRA LOS TRANSGÉNICOS

  • Unas pocas multinacionales han patentado sus semillas. Al hacerlo ponen precio a la vida. La semilla, además de ser clave para los productores, es la base de la soberanía alimentaria: las semillas no pueden pertenecer a unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría. Los transgénicos son una manera de mantener la dependencia de los agricultores bajo el interés económico de tales multinacionales.
  • Reducción de la biodiversidad, herencia irremplazable lograda a través de milenios y base de la interdependencia entre los seres vivos de un lugar. Grave riesgo para la seguridad alimentaria que supone reducir la variedad de especies limitando las opciones.
  • Mayor agresión medioambiental (empleo masivo de herbicidas, que empobrece la flora, generando “desiertos verdes” y daña seriamente a la fauna)
  • Los riesgos sanitarios a medio o largo plazo de los OMG presentes en nuestra alimentación o en la de los animales cuyos productos consumimos cuyo alcance sigue siendo desconocido (el glifosato es un herbicida con alta probabilidad de ser cancerígeno).
  • La introducción de genes nuevos en el genoma de una planta provoca consecuencias impredecibles en el funcionamiento genético, ya que los genes tienen un mecanismo complejo de interacción con el resto de genes y el entorno. Una de las formas de introducir los genes en la planta es mediante la pistola de genes, que los dispara al azar. Así, el transgénico se introduce aleatoriamente en cualquier parte del genoma. Cuando se manipula, se conoce un 10 o 15 % del efecto de tal manipulación (por ejemplo resistencia a los herbicidas X), PERO se desconoce el restante 85 o 90 % de los efectos no buscados ni inmediatos, que a largo plazo pueden ser devastadores y, lo peor, que cuando se constaten sea tarde para remediarlo por su masiva implantación.
  • la aplicación de las normas de etiquetado no es correcta dado que las administraciones españolas no han puesto en marcha los mecanismos de trazabilidad, seguimiento y etiquetado oportunos. Además, la gran mayoría de los piensos compuestos (los alimentos de los animales de los que luego nos alimentamos) contienen derivados de transgénicos. Pues bien, existe un grave vacío legal puesto que no es obligatorio etiquetar los productos alimentarios (carne, leche, huevos, etc.) que proceden de animales alimentados con OMG. De este modo, pese al rechazo social, los OMG siguen produciéndose a gran escala y entrando de manera oculta en nuestra cadena alimentaria.
  • Antropológicas o culturales al despojar a la gente de su capacidad para gestionar y enriquecer su saber colectivo y plural, su identidad, de proteger la variedad de sus especies vegetales, su alimentación.
  • Los transgénicos han dado el pretexto de artificialidad necesario para considerar a los seres vivos objetos creados por el hombre y por tanto patentables

ACCIONES:

En base a un elemental principio de PRECAUCACIÓN que en materia tan sensible como la alimentación debería ser EXTREMO, se propone tender a:

Eliminar todos los cultivos transgénicos

Prohibir la importación de granos transgénicos. Si no fuera legalmente posible, establecer una moratoria. Prohibición “temporal”

Incentivar a los laboratorios del estado y universitarios para la certificación, recuperación y mejora de las semillas autóctonas.pizza

En tanto que estas medidas más ambiciosas se articulan, es necesario PROMOVER, y hacerlo desde nuestra asociación EPQQ como otra “acción en marcha”:

Que el gobierno municipal (Las Rozas) y autonómico (Madrid) declare su territorio Zona Libre de Transgénicos

los grupos de consumo e impulsar la organización entre ellos para conseguir un servicio en el municipio más eficaz y atractivo que abarate costes de distribución y amplíe capacidades.

Huertos urbanos “municipales” trabajados por desempleados y con venta en mercadillo local de consumo responsable

Hacer campañas de concienciación entre la ciudadanía: puestos de información en la calle, colegios, activismo en redes sociales, colaboración con ONG del sector. Crear conciencia que haga sentir a los políticos su rechazo contundente.

Ser observadores de transgénicos y anotar aquellos productos que los contengan

Además instar a los políticos correspondientes:

La obligación de un etiquetado “vistoso” (en rojo o amarillo) de los productos en que constes traza de transgénico

que TODA SEMILLA debe producirse en cada territorio, y por la propia gente agricultora (individualmente, en cooperativa o por entidad pública)

Obligar a establecer seguros de responsabilidad civil por contaminación transgénica (que las aseguradoras se impliquen en la dificultad de su control)

Que ninguna experimentación o cultivo con transgénicos reciba subvención nacional o de la UE

Porque entre la ciudadanía mejor informada en Europa la preferencia va en dirección hacia una agricultura realizada de forma acorde con la naturaleza y en la que los puntos de vista éticos son decisivos.

¡¡¡Colaboremos¡¡¡

LA utilización de transgénicos no es solo una estafa a las poblaciones más desfavorecidas del planeta sino también una nueva forma de esclavizara lo seres humanos haciéndoles sumisos y dependientes de la inmoralidad económica que mueve el primer mundo. Las semillas y el agua son el oro y los diamantes del futuro, la sucia moneda de cambio que envilecerá aún más a los poderosos y condenará para siempre a los débiles (JAVIER RUIBAL)… Si lo permitimos…

 

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